Salvador Torres

La pintura de Salvador Torres se manifiesta de modo equilibrado y con una naturalidad que parece provenir de una realización directa, “a la primera”. Además, a la hora de utilizar los recursos pictóricos, prefiere por sistema la claridad cromática y la luminosidad en las propias entrañas de la obra, aunque la temática que la impulsa pudiera encerrar signos de sentimientos dramáticos. Y algo que no es usual en muchos artistas: la capacidad para adentrarse por los mundos más dispares, desde ordinarios oficios, a fastuosas composiciones, proporcionándoles los enfoques precisos que describen ese momento.
Al conducirse entre panoramas estéticos muy extensos el autor se arriesga, se formaliza en su pintura y resurge en ella con síntomas de nueva seguridad creativa.
Quizás por ello sus trabajos son personales, reconocibles. Nos muestran un mundo interior repleto de enigmas, de significados, de espacios abiertos que nos llevan a otros paisajes donde los distintos  elementos construyen su mundo. Allí,  Salvador Torres y la luz contruyen su obra.
En ella existe una intención de priorizar el contenido conceptual para que sirva como vehículo de distintas vivencias y contradicciones fragmentadas. Las referencias a elementos personales y oníricos sirven de hilo conductor para sus pinturas, grabados y dibujos.
Dichos trabajos se conciben partiendo de cierto imaginario basado en una serie de personajes clásicos deconstruídos como una reconsideración de los arquetipos fundamentales de la pintura contemporánea. Para ello infiltra en su obra diferentes iconos de la tradición academicista que se allan en la relación de lo imaginario y lo real, a lo que los hábitos de pensamiento dan una ilusoria dimensión de perspectiva, profundidad y credibilidad.
Su pintura está concebida como una experiencia vital, un espacio de reflexión prolongado en largas series planteadas como una búsqueda de identidad, del lugar que ocupa el propio artista respecto a las elecciones que le llevan a la relación con su obra. La pintura como forma de nombrar y crear un mundo que le es propio.
En su obra late una profunda ironía que no oculta su compromiso con los temas tratados. Lo dramático como juego desmitificador.